Pincho de tortilla en Cervecería El Portillo (No-hay-huevos)

Cervecería Portillo

Cervecería El Portillo

Este pincho de tortilla parece asqueroso ¿verdad? Eso es porque lo es. Es asqueroso. Es un pincho de tortilla tan tan malo que hoy ni siquiera voy a hablar de los aseos del bar. No, este pincho merece toda mi atención. Toda mi literatura. Toda mi ira.

Para situarte, evitarás este pincho de tortilla (por decirlo de alguna manera) en la Cervecería El Portillo de la glorieta de Embajadores de Madrid. Aquí, para que la ubiques y dejes distancia de seguridad. Y esto es importante porque es un sitio en el que tarde o temprano acabas entrando, porque está estratégicamente situado. Milimétricamente pensado. Una trampa perfecta. Mortal.

En mi caso estaba haciendo tiempo en la salida del metro Embajadores, y en esa esquina la opción es comprarte unos frutos secos, hacerte unas gafas nuevas, o entrar en un bar a probar un pincho de tortilla. Mi tendencia natural me hizo elegir el pincho, y el resultado es que acabé comiendo, con gran esfuerzo, el peor pincho que he comido en mi vida. No, no; ¡lo peor que he comido en mi vida! Y el café tuvo delito también. Procedo con la cata pues.

Como ya he dicho en otras ocasiones, un bar que tiene varias tortillas preparadas normalmente tiene buena tortilla, ya que cuenta con venderlas pronto, porque están buenas. Bien, aquí había tres tortillas ya hechas, peeeeero estaban todas cubiertas con film transparente. Esto es definitivo. Quiere decir que hacen tortillas para tenerlas ya hechas y darle salida cuando sea. A esto se le añade que para conservar unas tortillas que no son del día, están en la cámara, por lo que te la tienen que calentar en el microondas. Esto de por si ya es un pecado mortal si hablamos de tortilla en serio, pero si además se crea el efecto croqueta congelada como me pasó a mi ya es inadmisible. Como habrás imaginado, el efecto croqueta congelada se da cuando muerdes una croqueta que por fuera está fritita y caliente, y nada más vencer esa barrera con el primer mordisco, tu boca se inunda de masa fría y asquerosa. Pues esto es lo que pasó con este pincho. Una de las sensaciones más desagradables que existen en el mundo gastronómico.

Lo de la textura todavía no se si es obra de un genio o de un villano. Era una especie de triángulo que evolucionaba de la dureza del turrón de alicante a la blandurrez de la mousse de limón. Que el borde esté duro como un leño, y a medida que llegas al centro te encuentres con una masa acuosa y descompuesta no debe de ser fácil de conseguir. Eso sí, seguro que es difícil de comer. De hecho, y no exagero, me costó acabar el pincho. Pero ya sabes, es mi deber.

Con respecto al sabor acabo rápido: sal.

Mención especial al café. Pedí uno con leche de soja, y tras ponerme el café en el típico vaso de caña, la leche me la echaron de otro vaso de caña que apareció de no sé donde. Si me lo hubieran puesto en una jarrita no obstante, a estas alturas me hubiera sorprendido más que si la camarera se hubiera sacado la leche del bolsillo.

El resultado es que pagué 3’85 € por un pincho que no se comería ni Rambo, y un café hecho con restos de leche de… yo que sé.

 

¿Mi valoración?

Hay pinchos que te alegran el día, lo he dicho muchas veces por suerte. Hay otros que por desgracia te lo estropean, y este hasta el día de hoy es el que más lo ha hecho. No hay vergüenza. No hay derecho. ¡No hay huevos!

Pincho de tortilla en Cafetería Navelgas (3’5 huevos)

Cafetería Navelgas

Cafetería Navelgas

El pincho de tortilla que te traigo hoy es uno de esos pinchos salvavidas. Un pincho oasis. Y es que igual que en los polígonos, las estaciones de tren son lugares muy hostiles donde solo un buen pincho te cambia el día. Este lo tienes que buscar fuera de la estación de Chamartín de Madrid, en la Cafetería Navelgas.

Si no conoces este oasis, esto es lo que seguramente te haya pasado más de una vez en la estación de Chamartín: vas a hacer un viajecillo y llegas con tiempo de sobra. Antes de nada decides ir a los servicios para no tener que ir después con el chacachá del tren, así que inocentemente te metes de lleno en unos retretes que dan bastante asco. Agarras la maleta con los dientes porque si la dejas en el suelo se puede deshacer en pocos segundos. Desenfundas entre miradas golosas y tratas de mear mientras con las manos haces la cueva alrededor de tu pichuca como si estuvieras sacando dinero del cajero. Con la maleta en los dientes, la cara congestionada, y los Village people lanzando miraditas, decides que lo que necesitas para pasar el trauma es un pincho de tortilla.

Dejas atrás los retretes diabólicos y ya encaminado a la primera cafetería que pilles te preparas para librarte de un comercial de Pitibank. Cuando le vas a decir que no te interesa, te das cuenta de que con las prisas por salir del tigre del amor no te has quitado la maleta de los dientes, y que sigues con el nacle metido en su refugio manual. El comercial pasa por tu lado con la mirada perdida y algo roto para siempre en su interior. Tú te recompones. Llegas a la cafetería y pides un pincho que es una mierda, un café que te da cagalera, y pagas siete euros por todo. Pierdes el tren. Mueres.

Pues como te decía, estoy seguro de que más de una vez te ha pasado algo así, porque si no vas a la Cafetería Navelgas no hay más opción que la muerte por pincho horrible y absurdamente caro. Simplemente estás en un desierto de alternativas. La única que hay está a la salida de la estación, atravesando el mar de taxis, señalada por un cartel blanco y verde muy feo.

Este pincho de tortilla tiene buen tamaño, buen sabor (con un puntito salado bastante rico), buena textura, y buen precio. Por 3’50€ te dan café y pincho, que para la zona no está mal. No sales oliendo a frito, tienen grifito, y aunque los baños tampoco son una maravilla, en estos puedes usar una mano para sujetar la maleta.

¿Mi valoración?

Por la estratégica ubicación que tiene la cafetería, por lo razonable del precio dada la zona en la que se encuentra, y porque la tortilla está bastante buena, el único pincho que jamás comeré en la estación de tren Madrid-Chamartín se lleva 3’5 huevos muy bien puestos.

Pincho de tortilla en Cafetería Tejaoliva (4’5 huevos)

Cafetería Tejaoliva

Pincho de tortilla en Cafetería Tejaoliva

El pincho de tortilla que te traigo hoy apareció en un una mañana de madrugón, de atasco, de lluvia, de frío y de cagarse en todo. ¿Te suena? Por suerte este pincho vino a rescatarme como un Mitch Buchannon, y a partir de ahí todo fue felicidad.

Este pincho estaba escondido en un polígono de San Fernando de Henares, concretamente en la cafetería de la fábrica de mahonesas y envasados de aceite Tejaoliva. Imagínate lo de penalty que llegué al sitio este. Pues bien, en un entorno hostil como es un polígono frío, lluvioso, oscuro, poligonero… encontré un oasis en el que la tortilla cura las penas. El sitio era cálido, en la tele echaban españoles por el mundo, el servicio olía a flores silvestres, y la tortilla… la tortilla era un amor de tortilla.

Me emociona que un pincho de tortilla nacido en una nave industrial se cuele directamente entre los mejores pinchos de Catatortillas, porque demuestra que el nuestro es un plato que pone a cada cocinero en su sitio. Solo importan los cuatro ingredientes y quien lo cocine. Y no se quien cocina aquí pero lo hace con mucho mimo.

Lo primero que destaca de la tortilla es el sabor. Es un sabor suave y rico que trasciende a el que te guste la tortilla más o menos hecha, que esté fría o caliente, o cualquier otra preferencia. El punto de sal perfecto. La textura, como puedes ver en la foto, es cremosa pero no líquida. ¡La mejor textura que existe! Dorada por fuera, buen tamaño… ¡Un pincho de lujo!

El precio del pincho con un café es de 3’20 €, tienen grifito, y cuando sales la ropa no huele a nada. Dato que voy a empezar a introducir porque me parece importante para la vida.

¿Mi valoración?

Este pincho de polígono, de nave industrial, de sitio escondido, se lleva los cuatro huevos y medio sin ningún atisbo de duda. Por sabor, por cremosidad, por salvarme la mañana, y porque tienen un retrete digno de un autoclave: ¡pinchazo!

Pincho de tortilla en Bar Lucía (4’5 huevos)

Pincho de tortilla en Bar Lucía

Pincho de tortilla en Bar Lucía

¿Fumas? ¿No? Yo tampoco. Pero después del pincho de tortilla que te traigo hoy casi me fumo un filter mirando al techo…

Este pincho es de Bar Lucía, en el Barrio de la Concepción de Madrid. ¡Y está cojonudo! Fui porque un lector del blog, y me hace feliz saber que al menos tiene uno, me escribió para decirme que por las mañanas se metía en callejones oscuros para desayunarse un pincho de tortilla que era tête de la course. Desde que recibí el mail no he hecho más que buscar el hueco para escaparme a probarlo a ver si era para tanto, y la verdad es que Ángel: me has hecho padre. En sentido figurado.

Antes de nada diré como curiosidad que la cocinera que hace esta tortilla es rumana, y digo como curiosidad porque en el top ya tenemos una cocinera rumana y un cocinero chino. La tortilla española demuestra una vez que no conoce fronteras, y que se somete a quien la trata con cariño. ¡Qué sabiduría!

Nada más llegar a este pequeño bar ves una cosa que te dice inequívocamente que ahí saben lo que se hacen, y me refiero a que haya más de una tortilla hecha. En este caso eran tres tortillas como tres soles, y según el camarero se hacen ocho al día mínimo, y de ahí hasta dieciséis. El tamaño es directamente un cuarto de tortilla, y en este caso que sea grande es un punto a favor porque no quieres que se acabe nunca. Está hecha, pero tan cremosa que se deshace en la boca, el punto de sal es perfecto, y deja el planto sin pizca de grasa. Un pincho elegante de verdad.

El bar tenía ambiente, el camarero llamaba a todos por su nombre, y le vi poner unas tapas bastante sensuales. El pincho son 3 €, pero los vale.

¿Mi valoración?

Pronto revelaré algo acerca de los innombrables cinco huevos, pero mientras tanto ya sabes que cuatro y medio es el máximo. Y por sabor, tamaño, color, textura, y por el rato que me hizo pasar haciendo ruiditos con los ojos cerrados entre desconocidos se los lleva de calle.

Pincho de tortilla en Cafetería Línea 123 (1 huevo)

Cafetería Línea 123

Cafetería Línea 123

El pincho de tortilla de hoy también es de Villaverde, Madrid. No es que ese barrio me de especialmente hambre, pero así va surgiendo la cosa. Esta vez fue en la Cafetería Línea 123. Me pilló en una hora tonta en la que me lo comí más por aburrimiento que por hambre. Comerse un buen pincho siempre es algo divertido que hacer, y quería divertirme. Pero la experiencia fue aburrida. Muy aburrida.

He de decir que todo lo que rodeaba al pincho incitaba a la fiesta y el cachondeo, como el menú del día de ocho euros, o la oferta de veinticuatro tercios y cuatro raciones por cuarenta y siete euros. ¡Esas ofertas salvajes (tengo que salir más) me hicieron pensar que iba a ser una mañana radical! Pero me equivoqué.

Nada más ver el pincho, bien grande, en el plato pensé en las palabras que Dozer le dice a Neo: “Es una proteína unicelular a base de productos sintéticos, vitaminas y minerales. Lo que el cuerpo necesita”. ¡Exacto! ¡Este pincho sabrá a lo que tú quieras que sepa, tú mandas! ¡Porque no sabe absolutamente a nada! Es puro alimento, cero sabor. Y a no ser que seas un tripulante de la Nebuchadnezzarun cosmonauta soviético, o un tío muy raro al que le gusta comerse las colchonetas, este pincho no es para ti.

El punto de sal no existía, lo que me ha hecho pensar en que en algún punto intermedio entre este pincho y el de Cervecería Renato tiene que haber un pincho con el punto justo esperándome. La textura era gomosa, se hacía algo de bola en la boca, y… no se, no parecía tortilla de patata. Además era un pincho cachas y grandullón que murió matando. Me cobraron 3´25 € con el café, los camareros eran majetes, y de verdad que el bar tiene buen ambiente. Pero la tortilla mató un gatito a cada bocado que le di.

¿Mi valoración?

Este pincho de tortilla se lleva un único huevo, porque pasarse de sal es un pecado, pero que no sepa a nada es un pecado que te desconcierta. Te hace pensar que has perdido el sentido del gusto, y te acojona por unos breves instantes. Y eso está muy feo.

Pincho de tortilla en Cervecería Renato (1’5 huevos)

Cervecería Renato

Cervecería Renato

Lo mio con el pincho de tortilla de Cervecería Renato, fue de aquí te pillo y aquí te mato. Y casi me mata de verdad además. Estaba en Villaverde, en Madrid, por un tema de trabajo y caí ahí como podía haber caído en otra parte. Pero no. Fue ahí.

Los antiguos chinos de la nobleza se suicidaban comiendo sal. Era su rollo. Hoy en día esa tradición se ha cambiado por la de dar una pinchada a esta tortilla, capaz de secarte completamente por dentro y dejarte repujao por fuera. Lo que quiero decir es que este pincho de tortilla estaba muy salado, imagino que lo habías pillado, y eso es pecado mortal. Además estamos ante un caso de tortilla trampa, más o menos, porque cuando la ves en el plato es grande, rotunda y bonita. Pero en cuanto le metes el tenedor, o lo intentas porque está durilla, ves como se desmenuza con una sequedad que te hace respirar hondo y empezar a pedir agua en serio. Menos mal que había grifito.

He de decir que pese a que el pincho era muy huevinoso y seco, es un matahambre que funciona y el sabor que se intuye debajo de mucha mucha sal no es malo del todo. Es grande, y poco más. El punto de sal era terrible repito, pero tampoco se si fue cosa de ese día o es su modus operandi. Y te toca a ti decírmelo porque no voy a volver allí. Por lo menos a comer tortilla.

En definitiva es un pincho de tortilla que no es bueno, pero que tampoco me cabreó como me ha pasado otras veces. Él quería ser un buen pincho pero no pudo. El precio de 2 € es caro para lo que era el pincho, pero esto es Madrid y el tamaño era importante, así que por ahí no hay problema. El camarero era majete.

¿Mi valoración?

Esta tortilla de patata se lleva un huevo y medio, y no menos, porque pese a que no es realmente buena, el hecho de que sea grande, rotunda y bonita me dice que quien la hizo le puso algo de cariño. Y un kilo de sal.

¡Catatortillas en la tele!

¡Catatortillas en la tele!

¡Catatortillas en la tele!

La tortilla de patata mola tantísimo que la tele ha llevado a tu humilde Catatortillas al programa de la 1 España Directo (45’45”). Puedes ver el reportaje en el que Sara Rancaño nos acompaña a mi y a otros locatis tortilletis por algunos de los locales tortilleros más majetes de Madrid. Ya sabes que yo soy de bares sencillos y de entrar a jugármela, pero en este caso fui a lo seguro con dos buenos pinchacos como son el de El Infinito y Cocina 34.

Catatortillas en España Directo

Catatortillas en España Directo

Me hubiera gustado enseñar más lugares y comer más tortillas, pero como ves no soy el único loco de este plato maravilloso y a cada uno nos gusta una cosa. ¡Tortilla sin fronteras! Por la paz, por la fraternidad, y porque está muy rica…

Pensarás: “¡pero qué poco sales y qué poco hablas!” Pero oveja que bala bocado que pierde hijo mío, eso ya lo sabes tú, y ese día me puse de tortilla fino fino… Además, si quieres saber dónde están los mejores pinchos de tortilla y como librarte de las trampas mortales ¡ya estás en el lugar indicado!

Soy el Catatortillas y estoy aquí por la justicia. Por los pinchos. Por el cachondeo.

Pincho de tortilla en Bar Cos (4’5 huevos)

Bar Cos Santander

Bar Cos Santander

Hoy te traigo un pincho de tortilla desde Santander, la Meca del pincho de tortilla. En concreto del Bar Cos, un nombre que en otras circunstancias nos haría creer que es una coña marinera, pero cuando ves el sitio por dentro y el mar desde la puerta todo tiene más sentido.

Ya sabes que cuando hablo de los pinchos de tortilla en Santander tiro a por la tortilla rellena, que es la especialidad de esa pequeña ciudad. En este caso la cata es de una especialidad dentro de otra, porque si allí las tortillas son una delicaté, el mundo raba tiene también lo suyo. Pero este pincho de tortilla no está relleno de rabas, sino de magano. Si has pensado “magano, magano me la agarra con la mano” te aplaudo y te entiendo, pero de todos modos te voy a dejar el enlace porque casi seguro no sabías lo que era. ¿A qué no? Pues eso.

¡Cuidado! Este pincho de tortilla puede hacer que te mudes a Santander dejando atrás familia, amigos, trabajo y pantalones de pitillo que nunca más podrás volverte a poner porque te los vas a querer comer todos. Partiendo de la base de que la tortilla está tremenda, el relleno de magano, ahora que ya sabes lo que es, te da la sensación de que te estás metiendo un chipirón encebollado en lo más hondo de tu ser. La textura es melosa y suave, con esos trocitos de patata que se mezclan con el magano y dan un sabor dulce y… jodo man, no puedo ni seguir. El tamaño está bien, y ten en cuenta que los pinchos rellenos normalmente son más contundentes que los de tortilla normal. Aun así querrás probar más de uno seguro.

A un paso del mar y con una decoración muy agradable, este sitio es una parada imprescindible si subes al norte para comer uno de sus pinchos. El precio de risa: 1´50 € por un pincho de tortilla que podrías poner en una camiseta y molar mucho.

¿Mi valoración?

Soy un cobarde pecador y no me atrevo a dar los cinco a ninguna tortilla de momento, así que los cuatro y medio están a punto de ser los nuevos cinco huevos. Por calidad, sabor, y por el sitio también, he de reconocer, se los lleva merecidamente.

Pincho de tortilla en Cocina 34 (4’5 huevos)

Cocina 34

Cocina 34

Si no llega a ser por una amigo no conozco el pincho de tortilla de Cocina 34, pero me llevó allí para tomar unos vermutes y sin él saberlo me hizo muy feliz ese día.

Es un bar/restaurante/casa de comidas que se esconde como un tesoro en el 34 de la calle Matín Vargas de Madrid. Y digo lo del tesoro porque las chicas que lo llevan cocinan que da gustito, y te ponen de tapas unas delicias que hacen que te olvides de tu madre, tu abuela y Ferrán Adriá cocinando en equipo. Un de las tapas fue un montadito de tortilla, y fue probarlo y echar a toda la gente del lugar para poder meditar sobre lo que estaba pasando en mi boca. Y pedirme un pincho entero, claro.

Este pincho de tortilla está simplemente delicioso. Ya está. El tamaño está bastante bien, y la clave para mi es que tiene el punto justo para que guste a cualquiera. Está jugoso pero sin llegar a estar deshecho, aunque sí deja una pizca de huevito en el plato para que puedas tirar de miga de pan y se te caiga una lagrimilla. La patata cortada en daditos cremosos y el sabor de la cebolla caramelizada, que es una especialidad, me hicieron volverme muy loco. Así que aprovechando que tienen comida para llevar… ¡me llevé una santa tortilla entera para mi casa! No me avergüenzo. Volvería a hacerlo.

El sitio es agradable, el precio muy razonable (2´75 € con café), las camareras son majas y te ponen tapazas. Qué más quieres.

¿Mi valoración?

Si no fuera porque estoy reservando los “cinco huevos” para el pincho de tortilla que me lleve al altar, este pincho de tortilla se los llevaba. No obstante le doy sus buenos cuatro huevos y medio bien merecidos. El sitio da buen rollo además.

Pincho de tortilla en Bianco Café (3’5 huevos)

Pincho de tortilla Bianco Café

Pincho de tortilla Bianco Café

El tipo de pincho de tortilla que amas o que odias. En Bianco Café hacen el pincho de tortilla meloso, suave, cremoso… y en definitiva poco hecho. A mi personalmente, cuando veo un pincho así, me dan ganas de vender el coche, dejar atrás trabajo y seres queridos, y consagrar mi vida a comerme este tipo de pinchos porque son muy muy sexys. Pero entiendo que no a todo el mundo le gusta comer su pincho con cuchara. Texturas aparte, está realmente bueno.

Este bar, restaurante, discoteque de la Calle Príncipe de Vergara de Madrid es un sitio agradable para desayunar, con música suave, una camarera muy amable que a la tercera vez que vas ya sabe lo que pides, y un precio totalmente razonable. El pincho con café cuesta 3€ y de tamaño no está mal, aunque es un poco más pequeño de lo normal. Si eres un hipster que pone filtros a sus fotos de tortillas mientras degustas una buena pipa con el mejor tabaco de Kentucky (ojo, no puedes fumar en el bar), este bar te va a gustar. Si no también. A mi me gusta.

¿Mi valoración?

Le pongo tres huevos y medio a este pincho de tortilla que me mira con amor. Su tamaño un poco reducido le deja a las puertas de los cuatro huevos, pero sin duda hay que probar el pincho Café Bianco si andas por la zona. Mira qué carita…

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