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Pincho de tortilla en Cafetería Línea 123 (1 huevo)

Cafetería Línea 123

Cafetería Línea 123

El pincho de tortilla de hoy también es de Villaverde, Madrid. No es que ese barrio me de especialmente hambre, pero así va surgiendo la cosa. Esta vez fue en la Cafetería Línea 123. Me pilló en una hora tonta en la que me lo comí más por aburrimiento que por hambre. Comerse un buen pincho siempre es algo divertido que hacer, y quería divertirme. Pero la experiencia fue aburrida. Muy aburrida.

He de decir que todo lo que rodeaba al pincho incitaba a la fiesta y el cachondeo, como el menú del día de ocho euros, o la oferta de veinticuatro tercios y cuatro raciones por cuarenta y siete euros. ¡Esas ofertas salvajes (tengo que salir más) me hicieron pensar que iba a ser una mañana radical! Pero me equivoqué.

Nada más ver el pincho, bien grande, en el plato pensé en las palabras que Dozer le dice a Neo: “Es una proteína unicelular a base de productos sintéticos, vitaminas y minerales. Lo que el cuerpo necesita”. ¡Exacto! ¡Este pincho sabrá a lo que tú quieras que sepa, tú mandas! ¡Porque no sabe absolutamente a nada! Es puro alimento, cero sabor. Y a no ser que seas un tripulante de la Nebuchadnezzarun cosmonauta soviético, o un tío muy raro al que le gusta comerse las colchonetas, este pincho no es para ti.

El punto de sal no existía, lo que me ha hecho pensar en que en algún punto intermedio entre este pincho y el de Cervecería Renato tiene que haber un pincho con el punto justo esperándome. La textura era gomosa, se hacía algo de bola en la boca, y… no se, no parecía tortilla de patata. Además era un pincho cachas y grandullón que murió matando. Me cobraron 3´25 € con el café, los camareros eran majetes, y de verdad que el bar tiene buen ambiente. Pero la tortilla mató un gatito a cada bocado que le di.

¿Mi valoración?

Este pincho de tortilla se lleva un único huevo, porque pasarse de sal es un pecado, pero que no sepa a nada es un pecado que te desconcierta. Te hace pensar que has perdido el sentido del gusto, y te acojona por unos breves instantes. Y eso está muy feo.