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Pincho de tortilla en Cafetería Sangara (4´5 huevos)

Cafeteria Sangara

Pincho de tortilla en Cafetería Sangara

Jean-Claude Van Damme haciendo su apertura de piernas entre dos camiones mientras suena Enya de fondo, Tom Cruise comiendo chicle en “TOP GUN”, Vin Diesel o cualquier cachas del estilo andando a cámara lenta mientras todo explota a sus espaldas… no se, cosas que hasta ahora pensaba que eran molona. Bueno, pues al lado de este pincho de tortilla son chorradas. Vas a flipar.

El pincho de tortilla de hoy lo vas a encontrar, si es que lo encuentras, en la Cafetería Sangara, en la calle Alonso Cano 37 de MadridAquí, vamos. El asunto con este pincho, que está muy bueno, ahora te lo cuento, es que solo lo hacen los miércoles y los viernes, y si llegas más tarde de las once de la mañana lo mismo ya no hay. Y te has quedao sin pincho. Y ya está. Vuelve otro día.

El sitio es bonito, el trato es agradable, el pincho es grande está riquísimo, y de precio no está mal. Así que si lo quieres tienes que madrugar, ponerte una alarma en el calendario, sobornar a gente y timar a viejas. ¡Si eso no es el marketing gastronómico más badass que has visto en tu vida tú me dirás! Ni Vin Diesel ni Vin Diesal. Esta gente sí que es molona.

El pincho en cuestión está muy bueno, y varias personas hemos coincidido en que sabe a “tortilla de abuela”. Está claro que ahora mismo varios millones de personas están diciendo lo mismo en varios millones de bares, pero en este caso es verdad, y la cantidad de pinchos de tortilla que he comido hasta ahora me autorizan para decirlo convencido. Como ves la textura es suave pero no cremosa. Se basa sobre todo en la patata bien cocida y la proporción justa entre huevo y patata. De punto está perfecta, y al ser algo más fina que lo que suelen ser las tortillas en los bares se saborea que es un gusto.

El sitio es muy agradable, con ambiente familiar. Es pequeñito, pero como solo doce personas o menos a la semana pueden comerse este pincho pues para qué más…

¿Mi valoración?

Por tener un pincho rico, sabroso, bonito y majete se lleva cuatro huevos. Pero por convertir un pincho de tortilla en un artículo exclusivo los dueños le dan ese medio huevo extra que lo llevan a la cima (sí, creo que lo de los cinco huevos no va a pasar nuca).

Pincho de tortilla en Cervecería El Portillo (No-hay-huevos)

Cervecería Portillo

Cervecería El Portillo

Este pincho de tortilla parece asqueroso ¿verdad? Eso es porque lo es. Es asqueroso. Es un pincho de tortilla tan tan malo que hoy ni siquiera voy a hablar de los aseos del bar. No, este pincho merece toda mi atención. Toda mi literatura. Toda mi ira.

Para situarte, evitarás este pincho de tortilla (por decirlo de alguna manera) en la Cervecería El Portillo de la glorieta de Embajadores de Madrid. Aquí, para que la ubiques y dejes distancia de seguridad. Y esto es importante porque es un sitio en el que tarde o temprano acabas entrando, porque está estratégicamente situado. Milimétricamente pensado. Una trampa perfecta. Mortal.

En mi caso estaba haciendo tiempo en la salida del metro Embajadores, y en esa esquina la opción es comprarte unos frutos secos, hacerte unas gafas nuevas, o entrar en un bar a probar un pincho de tortilla. Mi tendencia natural me hizo elegir el pincho, y el resultado es que acabé comiendo, con gran esfuerzo, el peor pincho que he comido en mi vida. No, no; ¡lo peor que he comido en mi vida! Y el café tuvo delito también. Procedo con la cata pues.

Como ya he dicho en otras ocasiones, un bar que tiene varias tortillas preparadas normalmente tiene buena tortilla, ya que cuenta con venderlas pronto, porque están buenas. Bien, aquí había tres tortillas ya hechas, peeeeero estaban todas cubiertas con film transparente. Esto es definitivo. Quiere decir que hacen tortillas para tenerlas ya hechas y darle salida cuando sea. A esto se le añade que para conservar unas tortillas que no son del día, están en la cámara, por lo que te la tienen que calentar en el microondas. Esto de por si ya es un pecado mortal si hablamos de tortilla en serio, pero si además se crea el efecto croqueta congelada como me pasó a mi ya es inadmisible. Como habrás imaginado, el efecto croqueta congelada se da cuando muerdes una croqueta que por fuera está fritita y caliente, y nada más vencer esa barrera con el primer mordisco, tu boca se inunda de masa fría y asquerosa. Pues esto es lo que pasó con este pincho. Una de las sensaciones más desagradables que existen en el mundo gastronómico.

Lo de la textura todavía no se si es obra de un genio o de un villano. Era una especie de triángulo que evolucionaba de la dureza del turrón de alicante a la blandurrez de la mousse de limón. Que el borde esté duro como un leño, y a medida que llegas al centro te encuentres con una masa acuosa y descompuesta no debe de ser fácil de conseguir. Eso sí, seguro que es difícil de comer. De hecho, y no exagero, me costó acabar el pincho. Pero ya sabes, es mi deber.

Con respecto al sabor acabo rápido: sal.

Mención especial al café. Pedí uno con leche de soja, y tras ponerme el café en el típico vaso de caña, la leche me la echaron de otro vaso de caña que apareció de no sé donde. Si me lo hubieran puesto en una jarrita no obstante, a estas alturas me hubiera sorprendido más que si la camarera se hubiera sacado la leche del bolsillo.

El resultado es que pagué 3’85 € por un pincho que no se comería ni Rambo, y un café hecho con restos de leche de… yo que sé.

 

¿Mi valoración?

Hay pinchos que te alegran el día, lo he dicho muchas veces por suerte. Hay otros que por desgracia te lo estropean, y este hasta el día de hoy es el que más lo ha hecho. No hay vergüenza. No hay derecho. ¡No hay huevos!