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Pincho de tortilla en Bar Galaxia (4 huevos)

Pincho de tortilla en Bar Galaxia

Bar Galaxia

Hoy te traigo un pincho de tortilla en el que puedes confiar. En pleno barrio Salamanca de Madrid, en la calle General Pardiñas 70 para más señas, encontrarás el Bar Galaxia. Dentro del bar te encontrarás con un señor que habla bajito y muy tranquilo. Él te pondrá este pincho de tortilla que estás muy muy bueno.

Algo que tengo comprobado desde hace tiempo es que, contrariamente a lo que puedes pensar cuando caes en el barrio Salamanca, es posible tomarte un café, una caña, o un pincho de tortilla por el mismo precio que en cualquier otro barrio. Lo único que hay que hacer es buscar los sitios adecuados y después memorizarlos, no sea que un día te despistes y te aticen como me pasó a mi a pocos metros de este mismo bar. En este caso el pincho son 3’10 €, pero ya sabes que esto me lo han cobrado en el barrio de la Concepción, por ejemplo, y lo pagué bien a gusto. Aquí los pago igual de tranquilo porque la tortilla está supreme.

Me he decidido por fin a hacer esta cata porque otras veces que he ido a tomar algo con amigos nos han puesto un pinchito pequeño de tapa, y a la tercera vez me di cuenta de una cosa que en catatortillas es muy importante: la tortilla siempre estaba igual. De punto, de textura y de sabor. Hoy he pedido el pincho entero y no ha cambiado nada, así que como decía, es una tortilla en la que puedes confiar.

En la foto ya puedes ver que el pincho crea el efecto “bombón relleno”, que me acabo de inventar. Este efecto consiste en que el exterior está algo más cuajado, y el interior es más meloso, contentando a la gran mayoría de locos de la tortilla. El sabor es muy suave, y aunque para mi gusto le falta un poquitín de sal, no peca ni de sosa ni de salada.

El bar es el típico bar al que quieres ir cuando te sientes nostálgico, con un cartel muy loco que recuerda a una historieta de Mortadelo y Filemón (esto lo digo como cosa positiva), y gente jugando al mus de fondo. El camarero te atiende amablemente, los baños están limpios, y cuando te pides algo de beber te ponen una buena tapa. En fin, apunta este sitio para cuando estés por el barrio porque te va a venir bien.

¿Mi valoración?

Por ser un bar de barrio a diez metros de la Plaza del Marqués de Salamanca, el buen trato, su cartel loco a lo Mortadelo, y por supuesto su deliciosa tortilla, el bar Galaxia se lleva 4 huevos de corral.

Pincho de tortilla en Cervecería El Portillo (No-hay-huevos)

Cervecería Portillo

Cervecería El Portillo

Este pincho de tortilla parece asqueroso ¿verdad? Eso es porque lo es. Es asqueroso. Es un pincho de tortilla tan tan malo que hoy ni siquiera voy a hablar de los aseos del bar. No, este pincho merece toda mi atención. Toda mi literatura. Toda mi ira.

Para situarte, evitarás este pincho de tortilla (por decirlo de alguna manera) en la Cervecería El Portillo de la glorieta de Embajadores de Madrid. Aquí, para que la ubiques y dejes distancia de seguridad. Y esto es importante porque es un sitio en el que tarde o temprano acabas entrando, porque está estratégicamente situado. Milimétricamente pensado. Una trampa perfecta. Mortal.

En mi caso estaba haciendo tiempo en la salida del metro Embajadores, y en esa esquina la opción es comprarte unos frutos secos, hacerte unas gafas nuevas, o entrar en un bar a probar un pincho de tortilla. Mi tendencia natural me hizo elegir el pincho, y el resultado es que acabé comiendo, con gran esfuerzo, el peor pincho que he comido en mi vida. No, no; ¡lo peor que he comido en mi vida! Y el café tuvo delito también. Procedo con la cata pues.

Como ya he dicho en otras ocasiones, un bar que tiene varias tortillas preparadas normalmente tiene buena tortilla, ya que cuenta con venderlas pronto, porque están buenas. Bien, aquí había tres tortillas ya hechas, peeeeero estaban todas cubiertas con film transparente. Esto es definitivo. Quiere decir que hacen tortillas para tenerlas ya hechas y darle salida cuando sea. A esto se le añade que para conservar unas tortillas que no son del día, están en la cámara, por lo que te la tienen que calentar en el microondas. Esto de por si ya es un pecado mortal si hablamos de tortilla en serio, pero si además se crea el efecto croqueta congelada como me pasó a mi ya es inadmisible. Como habrás imaginado, el efecto croqueta congelada se da cuando muerdes una croqueta que por fuera está fritita y caliente, y nada más vencer esa barrera con el primer mordisco, tu boca se inunda de masa fría y asquerosa. Pues esto es lo que pasó con este pincho. Una de las sensaciones más desagradables que existen en el mundo gastronómico.

Lo de la textura todavía no se si es obra de un genio o de un villano. Era una especie de triángulo que evolucionaba de la dureza del turrón de alicante a la blandurrez de la mousse de limón. Que el borde esté duro como un leño, y a medida que llegas al centro te encuentres con una masa acuosa y descompuesta no debe de ser fácil de conseguir. Eso sí, seguro que es difícil de comer. De hecho, y no exagero, me costó acabar el pincho. Pero ya sabes, es mi deber.

Con respecto al sabor acabo rápido: sal.

Mención especial al café. Pedí uno con leche de soja, y tras ponerme el café en el típico vaso de caña, la leche me la echaron de otro vaso de caña que apareció de no sé donde. Si me lo hubieran puesto en una jarrita no obstante, a estas alturas me hubiera sorprendido más que si la camarera se hubiera sacado la leche del bolsillo.

El resultado es que pagué 3’85 € por un pincho que no se comería ni Rambo, y un café hecho con restos de leche de… yo que sé.

 

¿Mi valoración?

Hay pinchos que te alegran el día, lo he dicho muchas veces por suerte. Hay otros que por desgracia te lo estropean, y este hasta el día de hoy es el que más lo ha hecho. No hay vergüenza. No hay derecho. ¡No hay huevos!